Hoy vamos a seguir trabajando la autoobservación y la mirada hacia nosotros mismos. Para ello, te propongo un ejercicio fácil: escribir una carta a tu propio cuerpo.

Antes de comenzar, es importante que encuentres un estado de escucha y silencio. Para ello, cierra los ojos, respira, conecta con tu cuerpo… Una vez que hayas logrado esa conexión, escríbele una carta, como si fuera un amigo al que hace tiempo que no ves. Aprovecha para agradecerle, para reprocharle, para exigirle… para comunicarle todo lo que tengas pendiente de hablar con él.

Después de este vaciado, escucha lo que el cuerpo te responde. Y escríbelo también…

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