Quiero empezar este artículo haciéndote una pregunta:
Ahora mismo, en este mismo instante, ¿sientes que hay algo que falla en tu vida? ¿Algo que no termina de funcionar, pero no sabes por qué?
Te lo pregunto porque esta situación la veo a menudo entre las personas que llegan a mi consulta.
Pacientes que me dicen:
- Estoy siempre cansada y sin energías… pero no sé por qué.
- Llevo ya varios meses con digestiones muy pesadas… pero no sé por qué.
- Hay días en los que estoy tan tranquila y de repente noto que me cuesta respirar, tengo palpitaciones… pero no sé por qué.
- Lo tengo todo en la vida y aun así, siento un vacío dentro… pero no sé por qué.
Ese “no saber por qué” te está avisando de que tienes “dormida” una capacidad muy necesaria para mantener tu salud.
La capacidad de autoobservación.
Reservar tiempo para practicar la autoobservación te ayuda a reconectar con las señales que te envía tu cuerpo. A descubrir qué se esconde tras esos síntomas “inexplicables”.
Y como médica con enfoque integrativo, tengo muy claro que esta autoobservación es clave para cuidar tu salud en todos los niveles.
Permíteme que te muestre por qué.
👉 ¿Qué es la autoobservación?
La autoobservación es el proceso consciente de dirigir nuestra atención hacia dentro, para observar desde una perspectiva de testigo imparcial nuestros:
- Pensamientos.
- Emociones.
- Reacciones físicas.
- Comportamientos.
El objetivo es desarrollar la figura del “yo-observador”.
Un estado que nos permite explorar “desde fuera”, con compasión y objetividad, cómo funcionamos por dentro.
Esta práctica nos invita a tomar asiento en la primera fila del teatro de nuestra mente, observando la obra de nuestra vida interior sin intervenir.
Y esto nos permite escuchar con más claridad las señales que nos envía nuestro cuerpo.
✅ ¿Por qué es una práctica tan beneficiosa para tu salud? Cómo te ayuda a escuchar las señales de tu cuerpo
Cuando menciono que soy médica con enfoque integrativo quiero decir que, desde mi perspectiva, estar sana es cultivar tu salud en 3 niveles:
- El biológico.
- El emocional.
- El existencial.
Cuando algo falla en uno de estos 3 niveles, el cuerpo te envía señales en forma de síntomas (agotamiento, malas digestiones, ansiedad, apatía, vacío…).
Por eso estos síntomas son una oportunidad para recobrar tu salud.
Pero para eso necesitas una buena capacidad de autoobservación que te permita “entender el lenguaje” de tu cuerpo y lo que se esconde detrás de esas señales.
➡️ A. Señales a nivel biológico
Problemas para dormir, malas digestiones, dolores articulares y rigidez…
Cuando llevas mucho tiempo sufriendo síntomas físicos como estos, llega un momento en que los normalizas. Se convierten en un ruido de fondo que siempre está ahí, pero al que te has terminado acostumbrando.
Y no debería ser así, porque como te decía, esos síntomas son alarmas.
Practicar la autoobservación te permite volver a prestar atención a estas sensaciones, para entender de dónde vienen y qué te está queriendo decir tu cuerpo con ellas.
➡️ B. Señales a nivel emocional
Autoobservarnos también nos ayuda a reconocer y procesar nuestras emociones.
Por ejemplo, esta es una práctica clave dentro de mi metodología para trabajar con pacientes que sufren ansiedad.
Al desarrollar tu yo-observador puedes:
- Descubrir cómo se manifiesta en ti la ansiedad, para trabajar sobre esos síntomas.
- Identificar los pensamientos de miedo que disparan tu ansiedad.
- Distanciarte de ese miedo y observarlo desde una distancia segura (para entender cómo te afecta y evitar que te domine).
Y lo mismo aplica con emociones como la ira o la tristeza.
Practicar la autoobservación de manera regular mejora tu gestión emocional y te ayuda a tener una mente más calmada.
➡️ C. Señales a nivel existencial
La autoobservación también es fundamental para el desarrollo personal.
A través de esta práctica conseguimos:
- Conocernos mejor: identificando nuestros pensamientos, emociones, motivaciones y acciones.
- Facilitar el cambio de comportamiento: al ser conscientes de nuestros patrones habituales, ganamos la capacidad de modificar aquellos que consideramos negativos o dañinos. La autoobservación nos da el poder de elegir cómo reaccionamos ante diferentes situaciones.
- Tomar decisiones más conscientes: y que estén alineadas con nuestros valores y objetivos a largo plazo, en lugar de vernos empujadas por reacciones automáticas o emociones momentáneas.
Como te mostraré más adelante, todos estos puntos también son clave para tener una buena salud.
👉 5 consejos para empezar a trabajar tu autoobservación
Muchas personas viven con su “yo-observador” dormido.
Nuestro estilo de vida actual nos empuja a vivir de espaldas a nosotras, de espaldas a nuestro cuerpo y las señales que nos envía. En el ritmo frenético del día a día, hemos perdido la capacidad de escucharnos.
Practicar de manera regular la autoobservación te permite despertar esa capacidad y reconectar con tu cuerpo.
Es emprender el camino de vuelta a casa.
El camino de vuelta a ti.
Y es una práctica que, sostenida en el tiempo, va a tener un impacto muy positivo en tu salud a todos los niveles.
Para que puedas empezar desde hoy mismo este camino de regreso a casa, aquí te dejo algunas pautas.
✅ 1. Reserva tiempo para esta práctica
El primer consejo que suelo darles a mis pacientes es establecer un horario diario o semanal para este ejercicio introspectivo.
Si le reservas un espacio dentro de tu rutina, te será más fácil mantener el compromiso contigo misma y dedicar tiempo a esta práctica invaluable.
Además, te recomiendo que la realices siempre en el mismo lugar. A poder ser, en un espacio tranquilo y sin distracciones donde puedas sintonizar contigo misma y observar tu estado mental y emocional.
✅ 2. Indaga para descubrir lo que se esconde tras tus acciones, pensamientos y emociones
Como te decía, la autoobservación no solo te permite prestar atención a tus síntomas, sino también explorar sus causas.
Por ejemplo, imagina que últimamente sufres insomnio, y justo anoche dormiste fatal.
Durante tu práctica de autoobservación del día, te paras a pensar en qué ocurrió la noche pasada desde el momento en que te metiste en la cama:
>> ¿Cómo te sentías en ese momento?
Recuerdas que te notabas incómoda y pesada, porque habías cenado más de la cuenta.
>> ¿Y por qué cenaste tanto?
Porque estabas estresada y de mal humor, y utilizaste la comida como medio para regularte.
>> ¿Y por qué estabas así?
Porque habías tenido un mal día en el trabajo.
De esta manera vas indagando hasta llegar a la raíz del problema.
Puedes explorar estas preguntas por escrito en un “cuaderno de autoobservación”.
Así todas las reflexiones e indagaciones que realices durante esta práctica de autoobservación quedarán registradas en el papel (lo que te permitirá volver a ellas en el futuro).
✅ 3. Busca patrones
Este punto va muy ligado al anterior.
Si llevas un registro escrito de tus sesiones de autoobservación, te será más fácil detectar patrones recurrentes en tus pensamientos, emociones y comportamientos.
Por ejemplo:
- “Siempre que tengo un mal día, acabo cenando mucho y tomando alimentos poco sanos. Y luego casi siempre me cuesta dormir porque tengo digestiones muy pesadas”.
- “Cuando tengo un problema en el trabajo luego soy incapaz de desconectar. Incluso cuando estoy en casa, empiezo a darle vueltas a lo que ha ocurrido y a imaginar lo que ocurrirá cuando vaya a trabajar al día siguiente. En esos momentos estoy más irritable, y a menudo acabo discutiendo con mi pareja”.
- “Cuando tengo que hacer algo que me da miedo, empiezo a pensar en ello horas antes y a imaginar escenarios catastróficos, y eso me despierta la ansiedad de forma anticipada”.
Reconocer estos patrones te brinda una mayor comprensión de ti misma.
De esta forma puedes tomar decisiones más conscientes para iniciar cambios positivos en tu vida y en tu salud.
✅ 4. Hazte preguntas cruciales
¿Recuerdas que antes te dije que la salud también tiene un componente existencial?
Pues tus sesiones de autoobservación son el momento perfecto para valorar si tienes cubiertas tus necesidades en este sentido.
Hazte preguntas significativas, que te lleven a cuestionar tus creencias, valores y motivaciones. Preguntas que te empujen a explorar el porqué de tus acciones y emociones, para comprender más profundamente tu mundo interior.
Por ejemplo:
“Me doy atracones porque mi trabajo me estresa. Pero ¿por qué me estresa tanto? ¿Por qué me hace sentir mal tan a menudo?
¿Realmente me gusta este trabajo? ¿Está alineado con quien quiero ser y con mis propósitos vitales?”.
Enfrentarte a estas preguntas cruciales con honestidad y autenticidad te permitirá descubrir si hay áreas de tu vida que están fallando y que quizá estabas ignorando.
✅ 5. Practica la meditación mindfulness
La meditación mindfulness te ayuda a cultivar la atención plena y la conciencia del momento presente.
Y no se trata de dejar la mente en blanco ni de alcanzar la iluminación.
Meditar es, simplemente, sentarte a observar tus pensamientos y sensaciones. Sin juzgarlos, sin sentirte culpable por ellos. Solo examinarlos y ver cómo se manifiestan.
Para ayudarte, te dejo este vídeo de mi canal de YouTube con una meditación guiada para practicar la autoobservación.
Dedica unos minutos cada día a la meditación mindfulness para fortalecer tu capacidad de autoobservación y vivir más en consonancia con tu cuerpo y tu salud.
👉 El poder de la autoobservación para dominar tu ansiedad: la historia de María
Por último, me gustaría terminar este artículo contándote una historia.
Una historia que refleja muy bien cómo te ayuda la autoobservación a reconectar con tu cuerpo, y más concretamente a aliviar la ansiedad.
La historia de María. Una mujer de 35 años, madre de 2 niños y responsable de recursos humanos de una multinacional.
Como te podrás imaginar, el trabajo de María es muy demandante (jornadas laborales muy largas, mucha presión, a menudo se lleva trabajo a casa…).
Y eso le lleva un tiempo pasando factura. Factura en forma de síntomas como:
- Insomnio.
- Palpitaciones repentinas (a veces está sentada trabajando y de repente el corazón se le pone a mil por hora, le hormiguean las piernas…).
- Un bucle de pensamientos negativos que nunca para.
Esto es algo que María había normalizado. “Tengo un trabajo muy estresante, es lo que hay”.
Pero no lo es.
Porque lo que sufría María era ansiedad.
Por eso lo primero que tuvo que hacer María fue aprender a observarse. Aprender (o mejor dicho, reaprender) a escuchar su cuerpo, entender cómo le estaba afectando la ansiedad y así comprender mejor lo que le estaba pasando.
¿Cómo lo hizo?
Con un ejercicio muy simple…
Un ejercicio que te cuento aquí.
En ese enlace encontrarás el acceso a una clase 100 % gratuita que he preparado. Se llama “De la ansiedad a la serenidad”, y en ella te explico cómo puedes aprender a reducirla y dominarla para siempre.
Todo ello a través de una metodología propia que he diseñado, basada en la evidencia científica y en mi experiencia como médica con enfoque integrativo.
Y sí: también te mostraré varios ejercicios prácticos que podrás aplicar desde ese mismo momento.
Todo ello (insisto), de manera 100 % gratuita.