Ayer Julia tuvo una discusión muy fuerte con su pareja.

Antes de irse a trabajar, Julia le había pedido que se pasara por el supermercado a comprar leche. Al llegar a casa del trabajo le preguntó si lo había hecho, pero su pareja le dijo que se le había olvidado.

Cuando lo oyó, Julia se enfadó muchísimo.

Más que eso: explotó.

Tuvo un estallido de ira. Le echó en cara a su pareja que ella siempre hace cosas por él, y que él, en cambio, no había podido hacer una tarea sencilla.

La discusión escaló muy rápido y acabaron gritándose.

Al día siguiente, pensando en el tema, Julia se sorprendió de su propia reacción. 

Sí, le molestaba que su pareja no se hubiera acordado de comprar la leche, pero eso no era motivo para explotar como lo había hecho.

Esa reacción la sorprendió… y también la asustó.

¿De dónde había venido ese arranque de ira? Si ella nunca se enfadaba de esa manera. ¡Siempre había presumido de tener mucho autocontrol! 

Y ahora se ponía a gritar a la mínima.

Será que tengo mucho estrés en el trabajo”, pensó. “Llevo mucho sin tomarme vacaciones y me hacen falta”.

Pero algo dentro de ella le decía que había algo más… 

***

Julia es una persona ficticia.

Pero esta pequeña historia puede que te resulte familiar.

Porque quizá tú también hayas vivido esos “estallidos emocionales”. No solo de ira; también de tristeza, de celos, de angustia… Y no sabes muy bien de dónde vienen.

Esos estallidos son un mensaje de tu cuerpo.

Son señales que utiliza para avisarte de que hay algo que no va bien en tu vida, y a lo que deberías prestar atención. 

Pero hoy en día, muchas personas han perdido la capacidad de entender ese lenguaje de su cuerpo.

Viven de espaldas a sus emociones. 

De espaldas a sus necesidades. 

De espaldas a sí mismas.

En este artículo quiero mostrarte cómo recuperar esa conexión con tus emociones, y escuchar el mensaje que traen para ti.

O dicho de otra manera.

Aquí voy a mostrarte cómo puedes dar los primeros pasos hacia un mayor autoconocimiento emocional.

Para eso, más adelante retomaremos la historia de Julia que he dejado a medias.

Pero primero debo explicarte otra cosa…

✅ La relación entre el autoconocimiento emocional y tu salud

Vivir desconectada de tus emociones significa vivir ajena a lo que ocurre dentro de ti.

Al igual que Julia, surgen en ti estados emocionales que te desconciertan y que no entiendes de dónde provienen.

Para realizar el camino inverso y volver a casa (volver a ti), primero debes entender por qué ocurre esto.

👉 1. Por qué te has desconectado de tus emociones

En los ritmos de vida actuales, el silencio y la escucha no tienen cabida.

Vivimos inmersas en la necesidad de hacer más, de correr más. Siempre estresadas, llenando cada minuto de nuestras agendas con tareas.

Y este ritmo frenético hace que dejes de prestar atención a lo que ocurre dentro de ti. 

Comienzas a vivir “en automático”, dejándote arrastrar por la rutina y las obligaciones. Ignorando las emociones incómodas que surgen en tu interior.

Hasta que un día, esas emociones reprimidas y no escuchadas estallan.

👉 2. Y qué consecuencias tiene esto para tu bienestar

Esta desconexión con tu ser se manifiesta de varias maneras. 

Unas son más sutiles que otras, pero todas ellas tienen un impacto para tu salud:

  • En lo mental/emocional: te sientes superada por la ira, el miedo, la tristeza… 
  • En lo físico/biológico: al ignorar esas emociones en lugar de atenderlas y gestionarlas, acaban teniendo un impacto en tu cuerpo (las somatizas). Tienes insomnio, malas digestiones y dolores de estómago, dolores musculares… síntomas que parecen venir de la nada, pero que tienen su raíz en un estado emocional turbulento. 
  • En lo existencial: donde se daña, sobre todo la relación contigo misma. Sientes vacío, inseguridad, falta de alegría por vivir… y eso te lleva a proyectar tu malestar en tu entorno (como Julia con su pareja). 

Para recuperar la salud a todos los niveles, debes aprender a reconectar con tus emociones.

¿Cómo?

Ahora te lo muestro.

✅ Cómo desarrollar tu autoconocimiento emocional

Como te decía al principio de este artículo, las emociones (especialmente las más “incómodas”, como la ira, la tristeza o la ansiedad) son el lenguaje que utiliza tu cuerpo para hablarte.

Una manera de avisarte de que hay una necesidad que no estás cubriendo.

Por eso, la próxima vez que una emoción incómoda se manifieste, te invito a atenderla y a hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué estoy sintiendo?
  • ¿Por qué me siento así?
  • ¿Qué está tratando de decirme esta emoción?

Para explicártelo, retomo ahora la historia de Julia.

👉 1. ¿Qué emoción estás sintiendo?

El primer paso es escuchar lo que sientes y ponerle nombre.

Esto puede parecerte sencillo, pero en ocasiones es una tarea compleja.

Al igual que las personas, nuestras emociones necesitan que las escuchemos “de verdad”, dedicándoles toda nuestra atención.

Solo así podremos empezar a atisbar el mensaje que nos traen.

No te limites a decir “Estoy enfadada”, o “Me siento triste”. Ve más allá: 

  • ¿Qué otras cosas estás sintiendo además de esa ira/tristeza/etc.?
  • ¿En qué otras ocasiones has sentido lo mismo?

Volvamos con el ejemplo de Julia.

La emoción que se manifestó en ella fue una ira inmensa. 

Pero tras examinarla más a fondo y recordar la discusión que mantuvo con su pareja, se da cuenta de que hay algo más bajo la superficie.

Una sensación de estar dolida.

Dolida, porque siente que ella hace muchas cosas por su pareja, incluso cuando no se lo ha pedido. Y siente que su esfuerzo no es recíproco.

Pero se da cuenta de que no solo le pasa con su pareja.

También con sus amigas. Con sus hermanos. Con sus compañeros de trabajo. 

En todos los ámbitos de su vida, Julia siente el impulso de complacer a los demás, de adelantarse a sus necesidades y de hacer cosas por ellos.

Y a menudo, se frustra porque su entorno no actúa igual con ella.

Se siente poco mirada, poco cuidada.

Esa frustración es la que hizo que ayer, al saber que su pareja no se había acordado de comprar la leche, explotara.

👉 2. ¿De dónde viene esa emoción?

Una vez has descubierto qué está ocurriendo dentro de ti, debes seguir tirando del hilo.

¿De dónde provienen esas emociones que se manifiestan en ti?

Sigamos con nuestro ejemplo.

Julia ha identificado que tiene una profunda necesidad de complacer a las personas a su alrededor. Pero ¿de dónde nace? 

¿Por qué siente ese impulso? 

Incluso, ¿por qué siente que es su “obligación” estar al servicio de los demás?

Julia trata de imaginar qué pasaría si un día dejase de cumplir ese papel. ¿Qué es lo peor que podría ocurrir?

Al abrir esa puerta, su mente se llena de imágenes catastróficas:

  • Su pareja se enfada con ella y la abandona.
  • La gente del trabajo la critica por ser mala compañera.
  • Su jefe la despide.
  • Sus amigas se sienten defraudadas.
  • Sus hermanos se sienten decepcionados con ella.

Escenarios muy catastróficos donde Julia siente que la van a dejar de lado.

Y esto es muy revelador…

👉 3. ¿Qué está tratando de decirte?

¿Qué se esconde tras esa emoción? ¿Por qué está ahí? ¿Cuál es el mensaje que te trae?

En el caso de Julia, dentro de ella hay un profundo miedo a ser rechazada. A no estar a la altura de lo que otros esperan de ella y, debido a esto, ser abandonada.

Este miedo la ha llevado a buscar la aprobación de los demás (en ocasiones, incluso olvidándose de su propio autocuidado).

Y en los momentos en los que siente que este esfuerzo no se ve reconocido, su miedo se dispara. 

Para sanar y recuperar el control sobre sus emociones, Julia debe reconciliarse con este miedo. Aceptarlo y reconocerlo, pero sin permitir que siga condicionando su vida.

✅ ¿Preparada para recuperar la conexión con tus emociones?

Puede que ahora mismo estés pensando:

Lourdes, esa historia que me has contado es muy bonita, pero yo no soy capaz de hacerlo. No tengo ni idea de por qué siento lo que siento”.

Si es así, debes saber que es normal.

Cuando llevas mucho tiempo desconectada de tus emociones, emprender este camino de vuelta a casa es complejo. 

Puedes compararlo con cuando volver a andar tras pasar varias semanas con una pierna escayolada.

Al principio tus pasos serán inseguros, notarás que la pierna te falla y necesitarás sujetarte a algo. ¡Incluso puede que te tropieces algunas veces!

Pero si sigues practicando, poco a poco volverás a caminar con paso firme.

Con las emociones ocurre lo mismo.

A medida que busques espacios de silencio para escucharlas, cada vez te resultará más sencillo entender de dónde vienen y qué están tratando de decirte.

Si necesitas ayuda para emprender este camino de regreso a ti, puedes empezar aquí.

En esta masterclass gratuita que he preparado incluyo un ejercicio que te ayudará a desarrollar tu capacidad de autoobservación.

Y es que, como te explico en la masterclass, la ansiedad es en realidad una manifestación de un miedo profundo al que no estás prestando atención.

Para identificar ese miedo y sanarlo, el primer paso es volver a conectar con el mensaje que te traen tu cuerpo, tu mente y tus emociones. 

Y para eso, debes aprender a autoobservarte.

Aquí te muestro cómo.

Deseo que este sea el primer paso del camino que te lleve a reconectar con tus emociones (y con tu salud).