La gratitud: ¿tópico o fuerza generadora de salud?

Picture of Dra. Lourdes Tomás

Estamos a pocas horas de cerrar el año. Es tiempo de mirar atrás, de hacer retrospectiva, de observar qué ha sucedido y de coger impulso para dibujar las líneas maestras de lo que queremos que sea nuestra vida a partir de mañana. 

Haciendo mi retrospectiva, hay una palabra que se repite con mucha frecuencia: GRACIAS. Y es que a veces las cosas no salen como uno quiere; otras veces sí… Pero si tienes una actitud de contemplación, puedes darte cuenta de que todo lo que llega, todo lo que nos sucede, trae consigo un aprendizaje, una toma de consciencia, un cambio de rumbo que, aunque a veces no aceptemos ni comprendamos, por regla general con el tiempo comprobamos que es positivo para nosotros. Así que no queda otra que agradecer: agradecer a la vida, a las personas, a los acontecimientos, a todo aquello que nos traen y que nos hace crecer y aprender. Si estamos atentos, viviremos desde una mentalidad de crecimiento y no caeremos en el limitante victimismo.

Por eso, ¡qué mejor forma de terminar el año que hablando de felicidad! Y como existen tantas definiciones de felicidad como personas hay en el mundo, me gustaría concretar en un recurso que creo que puede hacernos más felices a todos por igual.

¿Son más felices las personas agradecidas o es el ser agradecidas lo que les hace ser más felices?

Tratando de buscar respuestas, he empezado a investigar procurando responder -como médico- si la gratitud es tan sólo un tópico o si realmente es una fuerza generadora de salud.

Mi grata sorpresa ha sido encontrar que la ciencia ha demostrado que la práctica de la gratitud mejora nuestra salud física, mental, social y espiritual. Y, lo más importante, parece ser que el ser agradecido no es solo un rasgo de personalidad, sino que es una virtud innata que puede ser entrenada.

Gratitud, salud y bienestar

Algunas intervenciones de psicología positiva, con la gratitud como recurso principal del estudio, han demostrado mejoras en el bienestar psicológico: aumenta el optimismo, reduce la sensación de estrés y los síntomas de depresión y ansiedad. Las personas agradecidas se sienten menos solas y aisladas, tienden a ser más generosas y compasivas, y menos rencorosas y envidiosas.

Estudios más recientes han demostrado que el ser agradecido impacta, también, en el bienestar biológico: reduce la tensión arterial, mejora la calidad del sueño, reduce el sedentarismo y fortalece nuestro sistema inmune. ¡Qué más se puede pedir! 

Existen evidencias científicas de ello incluso en estudios aplicados a pacientes enfermos. Un estudio en pacientes con enfermedades neuromusculares mostró cómo el hecho de escribir cartas de gratitud, mejoraba su optimismo y la calidad de su sueño. Otros estudios en pacientes diabéticos tipo 2 o en pacientes HIV positivos, mostraron mejoras notables en la sintomatología depresiva con reducción del uso de antidepresivos. 

En definitiva, la práctica de la gratitud mejora notablemente la sensación de bienestar mental y emocional. Pero lo más llamativo aparece en pacientes con insuficiencia cardiaca, en los que se ha observado que, además de una mejora en la calidad del sueño, una reducción de su humor depresivo, una menor fatiga o una mejora en la función cardiaca, también se ha podido registrar objetivamente una reducción de los marcadores inflamatorios como el TNF, CRP, IL-6 o INF-Gamma. 

Con estos datos, y muchos otros que he tenido ocasión de consultar, podemos decir que, aunque todavía se desconocen en profundidad los mecanismos a través de los cuales la gratitud genera bienestar global, resulta interesante rescatar esta práctica como una nueva fuerza generadora de salud. ¿No crees?

¿Se puede medir la gratitud?

Siempre que introducimos un nuevo recurso, el primer paso es conocer el punto de partida para poder objetivar nuestro avance. En este caso tampoco hay excepción. Investigando sobre la gratitud para escribir este artículo, me ha sorprendido la cantidad de estudios científicos que existen al respecto, así como la variedad de escalas métricas validadas que permiten conocer cuál es ese punto de partida y cómo puede reevaluarse después de un tiempo de entrenamiento. 

La escala GQ-6 del cuestionario de gratitud (McCullough, 2002) es una de las evaluaciones más utilizadas en agradecimiento. Este cuestionario mide la intensidad, frecuencia, duración y densidad de la gratitud como emoción. A mayor número de puntuación, más gratitud aparece como estado afectivo, traduciéndose en niveles más altos de satisfacción con la propia vida. 

Existen otras, por si te apetece explorar: la escala de adjetivos de gratitud o GAC, la escala de apreciación (Mitchell Adler y Nancy Fagley) o la escala de componentes múltiples (Morgan 2017).

¿Y cómo entrenar la práctica de la gratitud?

Practicar la gratitud no es sólo dar las gracias cuando te abren la puerta o te traen un café: tiene que ver con un estado más profundo de agradecimiento y de reconocimiento al otro.

Aquí hemos de ser creativos y cada uno ha de buscar la manera de ir entrenando este músculo tan sutil e invisible a la vista. Yo he recogido algunas ideas:

  • A veces, puedes dar las gracias no por lo que te dan, sino por lo que tú puedas dar a los demás en base a tu situación personal, social o económica.
  • Llevar un diario de gratitud, como indica el Dr. Robert Emmons (gran experto en el tema), donde anotes en un listado al final del día todas las cosas por las que estás agradecido.  
  • Cultivar una mentalidad de crecimiento en la que, ante las adversidades o conflictos, tus pensamientos y actitudes van en busca de soluciones para tu crecimiento personal.  Se trata de una práctica que lleva a ser agradecido con la vida, con las circunstancias o con las personas que te rodean, porque en el fondo comprendes que todo lo que sucede, “bueno o malo”, es para tu propio aprendizaje y crecimiento personal.
  • Mi práctica favorita es escribir una carta de agradecimiento a una persona querida, y leérsela personalmente antes de entregársela. De hecho, varios de los estudios que os he presentado usan este recurso. 
  • Y algunas personas utilizan oraciones de agradecimiento, que encuentran en sus culturas, tradiciones o religiones. 

Busca tu propia manera. Lo importante es que experimentes todo lo que aquí te traigo y saques tus propias conclusiones. La mía, particularmente, es que la gratitud es una virtud que tenemos como seres humanos; cultivarla y entrenarla, como cualquier otra competencia, nos va a proporcionar una calidad de vida y un bienestar global que no puede darnos ni una alimentación óptima, ni la práctica de ejercicio ni siquiera el dormir bien. Aquí estamos hablando de vida, de vitalidad, y no de energía.

Aprovechemos este tiempo de cierre de año, que nos lleva a un estado de mayor reflexión e introspección, para observar cuál es nuestro vínculo con esta virtud. Te animo a que lleves a cabo la práctica durante unos días, en la forma en que tú quieras, y después evalúes cómo te sientes y qué ha cambiado. 

Da igual lo que diga la ciencia o lo que puedas leer en este artículo: lo importante es tu experiencia, tu vivencia y aquello que nace en ti cuando la despiertas. ¡Prueba a ser agradecido con la vida, con las personas, con los acontecimientos… y mira qué pasa dentro de ti!

Y, si me lo permites, antes de despedirme, me gustaría darte las gracias por estar ahí, por tu interés, tu inquietud y tu búsqueda, y por hacer posible que este espacio de comunicación y divulgación vea la luz y siga creciendo. Sin ti, no sería posible. Gracias también a todos los colaboradores y expertos que, de forma altruista, comparten su conocimiento y experiencias, sus recursos o reflexiones, para ayudar a otros a sentirse mejor y a convertirse en dueños de su propia vida y de su propio bienestar. Gracias a las tres personas que bombean conmigo el corazón de Médico Mentor desde hace años, haciendo posible un sueño de mi infancia. Gracias infinitas a todos y a todo, de todo corazón.

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