El silencio guarda claves para la salud

Almudena Fernández

Pitidos, alarmas, música alta… nuestras calles, trabajos y hogares están saturados de ruido, manteniendo a nuestro organismo sobreestimulado y alejándole del bienestar. En esta situación, resulta normal que al caer la noche el cuerpo te pida silencio. Y es que la ciencia ha demostrado con sobrada evidencia los efectos perjudiciales del ruido para la salud.

¿Sabes qué hace el cuerpo cuando está expuesto a un exceso de ruido? Se defiende disminuyendo su capacidad de oír.  Aunque tras un descanso, y si esa exposición no se repite con frecuencia o de forma mantenida, en la mayoría de ocasiones el oído vuelve a funcionar como antes. ¡Qué asombrosa capacidad de adaptación!

Un exceso de ruido puede afectarnos a muchos niveles, favoreciendo tensiones musculares, dolores de cabeza, irritabilidad o alterando la calidad del sueño. Aparte del daño que pueda ocasionar a nuestra audición, el ruido nos estresa, activándose por tanto nuestro sistema de alerta y generando un cansancio innecesario y baldío.

No es fácil evitar algunos tipos de ruido en la vida cotidiana, como los que produce el tráfico, algunas máquinas de oficina o aparatos domésticos. Pero a menudo nos rodeamos de ruido sin necesitarlo y ni siquiera darnos cuenta: ¿pones la televisión al llegar a casa aunque no la escuches? ¿Enciendes la radio en el coche nada más sentarte? ¿Frecuentas lugares con aglomeración de gente?

Si miramos desde el otro lado, nos encontramos con el silencio. Qué razón tenía M. Maeterlinck al decir que “el silencio es el sol que madura los frutos del alma”…

Unos pocos minutos de silencio benefician a tu cerebro y fomentan un estado de relajación y bienestar.  Seguro que lo buscas cuando necesitas concentrarte, crear o memorizar algo. Efectivamente, propicia esas actividades. También favorece que disminuya la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la secreción de la hormona del estrés y ralentiza las ondas cerebrales. 

Si lo llevamos a niveles más elevados, el silencio es la esencia de la meditación, del dejarse estar sin juzgar ni esperar nada, una actitud que ofrece bellos frutos cuando uno persevera en ella. Imagina un hombre sentado en el desierto, mientras pasa horas en silencio frente a un mar de arena… O a un anciano contemplando el horizonte, nada más que eso. ¿Qué piensas mientras evocas esas escenas y si te imaginas haciendo eso mismo? Sensaciones de aburrimiento o pérdida de tiempo son frecuentes, y también lógicas, en una sociedad dominada por la actividad, la sobreestimulación sensorial y la rapidez.

¿Has pensado por qué la naturaleza, en general, resulta relajante y reconfortante? Tan solo cerrar los ojos durante unos segundos y recrearse en los sonidos que hay en ella pueden generarte una sensación de más serenidad. Entre esos sonidos reina también el silencio, además de escenas o aromas que nos conectan con la sencillez.

¿Crees que necesitas protegerte de un exceso de ruido en tu cotidianeidad? Quizá usando auriculares con limitador de volumen, alejándote de altavoces cuando estés en ciertos espacios o poniendo el volumen de la televisión al nivel que necesites, que no siempre es el mismo al que te has acostumbrado.

El sueño brinda al cuerpo la oportunidad de renovarse cada noche y niveles muy bajos de ruido pueden ser suficientes para alterar su calidad. Para un descanso óptimo, busca el silencio total. 

Recuerda que los niños son especialmente sensibles, puedes protegerles evitando juguetes ruidosos o que se sitúen cerca de televisores. Y, en general, facilitando un entorno de tranquilidad para ellos.

Te animo a buscar cada día momentos de silencio para ti. Recuerda que apenas dos minutos pueden hacer que te sientas mejor. Y si además cierras los ojos y te centras solo en tu respiración, te estarás aislando del ruido externo y, también, del ruido de tus propios pensamientos. ¿Lo intentamos?

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