Estamos a pocos días de Navidad y vivimos inmersos en días caóticos.
Compras a tutiplén, preparativos de Navidad, compromisos familiares, cenas de Navidad de empresa, cierre de año para muchos negocios…
Y en ese “corre que te corre”, como si el mundo fuese a acabarse, nos olvidamos de lo importante: lo que está aconteciendo de verdad en el silencio.
Y desconectarnos de ello debilita no solo nuestro bienestar, sino también nuestro bien-ser, nuestro well-being.
¿A qué me refiero?
Creo que podré expresarlo mejor a través de un breve ejercicio de visualización.
¿Me acompañas?
Deseo que con este ejercicio hayas podido conectar con esa parte de ti que permanece siempre, más allá de la dimensión del tiempo, de las modas, de los calendarios externos o del espacio físico en el que habitamos.
Aprovecha estos días para reconectar con tus necesidades auténticas del momento presente y fortalece esas raíces que te unen a la tierra y al cielo, más allá del espacio-tiempo.
El hecho de vivir en grandes ciudades, rodeadas de asfalto, de oficinas y de centros comerciales, con un calendario externo que poco tiene que ver con nuestros ciclos internos, nos desvitaliza y nos debilita.
La Navidad es un momento simbólico de renacimiento que nos recuerda cada año, al entrar en el invierno, quiénes somos de verdad, más allá de nuestros personajes, del momento histórico-social que acontezca o de nuestros lazos con otros.
Aprovecha estos días para practicar esta reconexión con esas fuerzas que fluyen para todos los seres vivos y que nos ayudan a gestar en silencio las semillas de lo que en primavera florecerá y se expresará.
Únete al ciclo natural y al verdadero sentido de la Natividad y no te dejes arrastrar por todo el ruido social, que te lleva a seguir patrones o comportamientos que dañan tu salud y te desconectan más y más cada día.
Recuerda que una nueva salud está únicamente en tus manos.