Desde niña, he tenido el anhelo profundo de búsqueda por conocer aquello que nos trasciende, ya sea cuando la vida física termina o aquello que inunda con Vida el cuerpo de un bebé. Siempre he tenido el convencimiento, sin que tenga relación con la religiosidad, que somos mucho más que este cuerpo físico, mental y emocional que conocemos.

Recuerdo una de mis primeras guardias en urgencias del hospital. Sonó el busca, llamaban de la planta de neumología por un hombre, con la enfermedad de Guillain-Barré, que estaba muy agitado y nervioso. La enfermera quería que le pautase un ansiolítico para que durmiese. Al llegar a la habitación me encontré a aquel hombre con su hijo y realmente, estaba muy angustiado. Me quedé a solas hablando con el paciente. Empezó a contarme que estaba muy inquieto, esa noche, porque estaba teniendo una serie de visiones y experiencias transpersonales que nunca le habían pasado. No era capaz de explicarlo racionalmente, pero él sabía que esa noche iba a morir. Podéis imaginar su terror. Estuvimos hablando un largo rato hasta que se fue calmando.

Al salir le pedí al hijo que llamara a toda la familia. No lo entendía, su padre estaba relativamente mejor. “¿Doctora está segura? son las 3 de la madrugada”.

Al día siguiente, cuando salí de la guardia a las 9 de la mañana, subí a la planta para saber cómo estaba; al llegar, hacia tan sólo 10 minutos que había fallecido.

Algo dentro de él lo sabía, un flujo de vida que nos invade y que parece estar conectada con la VIDA en mayúscula, un torrente de sabiduría que la mente no puede gestionar ni entender.

Esa fue la primera experiencia de muchas que fueron llegando, con familiares, padres de amigos míos, pacientes y que me han ido enseñando que la vida no termina, tan sólo se transforma. No tengo una explicación lógica ni científica para explicároslo, simplemente así lo siento.

Os cuento esto tan íntimo porque en estas semanas hay miles de personas que han fallecido, en algunos casos los familiares han podido vivir esa despedida y cerrar para poder comenzar el duelo, pero otras muchas no han podido hacerlo y eso, sé que es profundamente doloroso, y es importante sanarlo. Es un proceso muy delicado que va a necesitar en muchos casos un gran soporte y ayuda profesional y familiar. Están siendo momentos complicados pero con grandes aprendizajes detrás.

Comprendo el dolor, la negación y la frustración si estáis viviendo un duelo súbito y sin haber podido despediros. Yo, por desgracia, viví una experiencia similar en la que no pude despedirme, ni velar ni ver por último vez a una de las personas que más han marcado mi vida a todos los niveles, como madre, amiga, mujer y médico. Mi cabeza no podía integrar su muerte repetina. “¡¡ No puede ser, es todo un mal sueño, no ha podido irse de repente, ayer hablé con ella¡¡”- era lo que mi cabeza repetía una y otra vez.

Conseguí empezar a sanar esa herida tiempo después, cuando empecé a aceptar que por algún motivo así tenía que haber sido, simplemente porque así fue, por mucho que mi mente no lo admitiera; y asumiendo esa realidad, en lugar de luchar contra ella y hacerme más daño, comencé mi proceso de despedida, mi último adiós a mi gran amiga. Sabía que ella lo necesitaba también. Primero le escribía cartas, como ya no podía llamarla le contaba todo lo que necesitaba compartir, pero al final, cuando estuve preparada, puede escribirle una carta de despedida y celebré una pequeña ceremonia para soltar el vínculo que aquí en la tierra nos había unido.

Fue emocionante experimentar como ese vínculo se transformó en otro más verdadero y eterno, con otra forma y otro sentido de vida.

Viví por primera vez a través de ella el contacto con la muerte, no como médico, sino como persona y pude entender todo lo que tanto pacientes como familiares me habían ido enseñando: la importancia de la despedida. Cerrar el círculo de la vida es importante para poder soltar con amor y seguir viviendo.

Sé que muchas personas habéis perdido familiares y amigos en esta pandemia y no habéis podido estar en ese momento, ni velar o despediros después, pero os animo a que lo hagáis cuando estéis preparados. En estas semanas, tengo amigos que han celebrado esas despedidas cada uno a su manera, sin su ser querido delante, y en todos ha sido siempre sanador y liberador. No quiero decir que esto ahorre el vivir el duelo, todo lo contrario, es el primer paso para poder empezar a transitarlo y sanar esa herida de despedida.

Cada uno fue buscando su propia manera y así, te invito a ti a hacerlo. Unos, fueron reuniendo por Skype a todos los familiares más íntimos y recordando a su familiar con cariño, con respeto, con alegría y con profundas palabras de agradecimiento. Otros, lo hicieron preparándole una canción, un verso, una carta u oficiando una pequeña ceremonia de despedida. Algunos, poniendo una foto con una vela prendida durante días y velándole desde su religión, con oraciones y rezos, o simplemente, con palabras que les salían del corazón.

Cuando sientas que es el momento, busca tu manera de honrar y de despedirte de ese ser amado, cierra ese vínculo desde el amor profundo que habita en ti para que todos podáis seguir caminando en paz, a un lado y al otro de la vida.

Dejo aquí, un profundo y largo abrazo para todo aquel que en el día de hoy lo necesite.

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